La pregunta es todo menos inocente. A un lado de la conversación en una sala pública de chats está un hombre que dice tener 36 años y que se comunica desde Londres. Al otro, una niña filipina de tan solo 10 años, que responde al nombre de ‘Sweetie’ (‘Dulzura’), a la que el sujeto le ofrece 10 dólares para que se desnude frente a su computador.
Pero en esta escena hay algo inusual: aunque el crimen y el criminal son reales, la niña no lo es. Tras su rostro y su sonrisa está un elaborado programa de diseño que convierte a ‘Sweetie’ en una moderna y efectiva arma contra los depredadores sexuales que habitan la red.
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